ERA UNA PERSONA DE ESAS, QUE MURIÓ JOVEN COMO SOLO UN ALMA VIEJA PUEDE HACER...

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¿QUÉ OPINAS DE MI BLOG?

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domingo, 26 de mayo de 2013

DESNACER

Con los ojos abiertos bajo el agua dibujo una sonrisa. Si la piedad conociera la traición dispararía sin dudar.Una mano alcanza mi nuca y me obliga a arquear mi espalda lentamente, como queriéndome esconder bajo los recuerdos de mi vida. Soy yo la que aletea sin cesar, soy yo la que olvida los poemas que escribí junto a mi esquela. Desnacer ante ojos nuevos, nuevas partituras en la pared y hachazos de cristal en suelo. Cuando se desdibuja el rostro de tu amado es cuando tu alma se expande hacia otro plano. No sabría explicar la falta de aire en mis pulmones. Si alcanzas mi mano te arañaré, como arañé los cumplidos de mi nuevo ser. En el vientre oculto de la madre me escondo con maliciosa realidad. ¿Puede la sensación de vivir atrapar a la muerte?El Dios que nunca habla me indicó el camino. Ese mismo Dios que una vez me arrastró al pecado y me obligó a rendirme ante él. Como si el agua limpiara toda la culpa. Tal vez desnazca en contra de tu voluntad, madre. Si la piedad esperara algo de mi no me perdonaría. Cierro los ojos y puedo verte al fin. Eras justo lo que esperaba, justo lo que me advirtieron los ángeles negros. Si la culpa conociera el perdón no suplicaría. Desnazco una y otra vez para limpiar la parte oculta de mi mente. Si la vida conociera la muerte claudicaría sin más. Espero alcanzar el espacio que habitas en mi cuerpo y al desnacer sucumbir a las delicias de tu presencia en la mitad oculta de mi ser.

domingo, 14 de abril de 2013

LA LUZ DEL SOL NO NOS MANTIENE A SALVO

Una playa abarrotada de gente puede ser el lugar idóneo para que el diablo se muestre ante ti. La luz del sol no nos mantiene a salvo. . El mal se mimetiza con nuestra mente en el momento menos esperado. EL sol ardía en el pueblo costero de mi infancia. Todo el mundo se relajaba en la arena mientras yo decidía contemplar la costa desde lo alto. La brisa del mar acariciaba mi pelo y susurraba el idioma del que contempla desde el silencio. Bordeando la playa, había pequeñas calas en dónde los niños se divertían jugando a pelota. Fue en una de ellas dónde la vi por primera vez. Bajé lentamente las escaleras de piedra para acceder a la arena. Mis pies podían sentir el calor de la roca mientras la fina arena se colaba entre mis dedos. Al llegar abajo sentí un escalofrío en la nuca, un pavor indescriptible que me paralizó por completo. Era como si de repente algo me pusiera en estado de alerta, como si a plena luz del sol algo oscuro enturbiara la paz del lugar. Quise girarme y volver a subir rápidamente para estar a salvo de nuevo. Conseguí subir tres peldaños y allí fue dónde pude ver el terror dirigiéndose hacia mi. Una niña de pelo oscuro y rasgos desfigurados se deslizaba por la escalera con las manos atadas a la espalda. Era como una serpiente con ojos inhumanos. Ojos oscuros de lágrimas negras que brotaban sin cesar mientras ella reptaba velozmente hacia mi. No pude moverme. Nadie vio nada, nadie oyó mis gritos y nadie encontró nunca mi cuerpo. Una playa abarrotada de gente puede ser el lugar idóneo para que el diablo se muestre ante ti. La luz del sol no nos mantiene a salvo.

jueves, 12 de abril de 2012

MALA CONCIENCIA

La conciencia duerme junto a mi. Las pulsaciones interpretan mi inquietud y golpean mi pecho a cada minuto. Como el sabio ingenuo que mira hacia otro lado ante la culpa. No me acostumbro a vivir en la soledad de mis pensamientos. Me atormentan, me señalan e intentan aniquilar mi libertad. Las horas pasan entre las frías sábanas y la dureza de mi almohada. Buscar el placer en el mal es algo intrínseco en el ser humano. ¿Qué tengo de especial? ¿A caso alguien puede lanzar la primera piedra? Este peso me encoje día tras día. Los susurros de la noche como secunderos de un reloj anclado en el pasado atraviesan mis oídos. No puedo girarme y mirar a los ojos a mi propia conciencia, no lo soportaría…sabe que no me arrepiento de nada y sabe que repetiría una y otra vez todas las atrocidades de las que soy capaz. Es mi condena por la libertad diurna. Cada noche al acostarme, en la quietud de mi apartamento , espero atento al olor extraño, al sonido de mi alma quejándose por lo que le espera…a la mala conciencia que se sienta junto a mi cama para hacerme soñar con el dolor de mis víctimas.

sábado, 25 de febrero de 2012

VÓMITO NEGRO


Estoy cansado, aturdido tras las pesadillas que noche tras noche acompañan mi sueño. Es el resultado de la mente quebradiza y perturbadora que me domina. Como un huracán atrapado entre cuatro paredes.
Soy luchador, valiente y descarado. Cuando nadie me ve son los impulsos los que me mueven.
Cuando nadie me ve vómito negro acude a mi boca a borbotones. Como la sangre que sobra tras ser renovada.
No propongo un mundo mejor.

Estoy hecho a imagen y semejanza del mal. ¿A caso debo sentirme culpable? Jamás sentí remordimientos, simplemente porque no tengo conciencia. es difícil de creer, pero igual puede ser para mi saber que nadie comprende nuestra forma de ver la vida. Alegría, tristeza, dolor, placer...¿quien decide qué es lo correcto?
Imito sensaciones, acciones voluntarias, copias exactas de vuestros sentimientos. Si lloras lloraré y fingiré dolor cuando quieras herirme
Nadie puede dudar de las delicias de mi persona. Soy simplemente quien tú quieras que sea. ¿Qué papel me tocará hoy? Acariciaré la mano del anciano que busca cariño, quizás hoy su señora esposa desee un cuerpo joven al que acariciar.
Cuando nadie nos ve salimos en busca de una presa, cualquiera es un espejo para nosotros.
Te comprendo, te quiero y te deseo...tal vez no como debiera.
Soy el lobo que muerde las fauces del poder. Soy un lider embaucador, un poeta frustrado que inunda de palabras los cuadros de mi salón.
No podemos revelarnos ante tanto gozo. El deseo de mis carnes cobra vida en la oscuridad. Hombre, mujer o animal...nadie escapa a mi terrible hambre de adrenalina. Pasión oculta entre luces de neón.
Puede que envidie tu tristeza. Alegrías lejanas que yo nunca podré sentir. Soy plano, frío y enigmático.
Vómito negro acude de nuevo. esta vez no estoy solo. Atacaremos en manada. Víctima perfecta que nos abre el corazón. No intentaré ser cruel, simplemente seré siempre lo que tú quieras que sea.

martes, 19 de abril de 2011

¿CÓMO FUISTE CAPAZ DE PERDONARLOS?



El asado estaba crudo por dentro. Paulina se quitó la chaquetilla con gesto
circunspecto. Me miró de reojo. Jorge cogió el cuchillo, cortó un pedazo de carne y se lo llevó a la boca sin pestañear.
Mientras masticaba, nos dedicó a todos una sonrisa de satisfacción.
-¡Está buenísimo!- exclamó- Hacía tiempo que no comía una carne tan rica
Sí, hacía mucho tiempo que no nos reuníamos para cenar. Pero es que nuestras cenas no eran una cuestión social, sino litúrgica.

-¡Por Dios!-repuso Carlos soltando los cubiertos de mala manera- esto es incomible.
-¿Incomible? -La cara de Paulina nos hizo temer lo peor.- ¿Se puede saber cómo te
atreves a decir eso?- le replicó enfurecida, inclinándose hacia delante.
-La carne está cruda. Es la verdad.
-¡Pues no la comas!- le espetó.
-De eso puedes estar segura.
Carlos desplazó el plato hacia delante y cogió su copa de vino.
-Así te atragantes…-musitó Paulina

El juego dialéctico me divertía. No eran más que dos mosquitas muertas, tan vulgares, tan… normales.

-Tengamos la fiesta en paz- les advirtió Jorge, serio.

-Solo digo- comenzó a decir Carlos visiblemente molesto- que después de todas las
penalidades por las que hemos pasado…-dejó la frase sin terminar y meneó la cabeza con sorna.
-¡Pero si tú no hiciste nada!- Paulina estaba lanzada- ¡Nunca haces nada!
-Yo soy el cerebro.
Todos comenzamos a reír.
-Santi, haz el favor- me indicó Jorge poco después- lleva el plato de Carlos al
horno. Esperaremos veinte minutos más.
-Pero entonces comeremos frío.-se quejó Paulina- ¡Y esta carne hay que comerla caliente!
Carlos sonreía disimuladamente.

-¡No quiero oír una palabra más!-exclamó Jorge poniéndose de pié- Todos vamos a comer este cuerpo, así esté frío, caliente, crudo, o como sea ¿Entendido? Y no vamos adejar nada.- hizo una pausa; clavó la mirada en los dos amigos, y suspiró.
-¿Santiago, trajiste el historial?
Abrí la cartera que tenía a mis pies y cogí la carpeta roja.
-Aquí tienes. No es mucho-le indiqué
-Veamos… Veinte años, de nombre Carla. Madrileña. Hum..., esto es interesante: a los diez años tuvo un accidente, le extirparon el bazo.
-¿Algún problema?-le pregunté
Jorgé parecía ausente
-No-me dijo- Sólo que me quedaré con las ganas de probarlo.

Unas horas antes, Carla apenas podía sospechar cuál iba a ser su trágico destino. Había contactado por internet con un grupo de estudiantes interesándose por un intercambio de estudios.

Puntual a la cita acudió a la biblioteca de la universidad. Allí se encontró con Paulina,Carlos y Santiago, tres chicos encantadores, tres chicos aparentemente normales,dispuestos a ayudarla en lo que hiciera falta.

Tras un primer contacto la convencieron para ir a tomar algo a casa de Paulina.
Allí les esperaba Jorge, con aire seductor, recostado de medio lado en el sofá de
espaldas a la puerta.

El humo de un cigarrillo bañaba la habitación. Eran las ocho en punto, la hora de cenar.

-Hola Jorge!- grito Paulina al abrir la puerta.

Jorge apagó el cigarrillo y se levantó lentamente.

-Tu debes de ser Carla- le dijo Jorge con una amplia sonrisa

-Así es, encantada de conocerte- se apresuró a decir Carla tímidamente. Jorge le pareció un chico tremendamente guapo.

-El placer es mío, pero siéntate por favor- le indicó Jorge con un gesto con la mano.

Carlos y Jorge se sentaron a ambos lados de su próxima víctima. Santiago, con las manos en el bolsillo observaba a Carla con detenimiento mientras se encendía un cigarrillo
De pronto apareció Paulina con un delantal y el pelo recogido en un moño.

-Carla, ¿te quedarás a cenar verdad?- dijo Paulina con un tono divertido.
Carlos y Jorge se miraron de modo cómplice.

- Oh no Paulina, muchas gracias, no quisiera molestar- dijo Carla

- ¿Molestar? Pero mujer, debes de tener el estómago vacío y eso no puede ser- dijo
Carlos acercando su rostro a Carla más de lo debido.

- Está bien, pero entonces dejadme que vaya a comprar algo por lo menos.-dijo Carla.

- De eso nada- la interrumpió Jorge – tenemos todo lo que necesitamos-.

Paulina se dio la vuelta y dirigiéndose a la cocina chasqueó los dedos mientras
Santiago, atento a la señal abría el cajón del armario disponiéndose a poner la mesa.

Es increíble como en un segundo se puede paralizar el tiempo. El cerebro se acelera y ralentiza a la vez, es el miedo de “qué está pasando” el estado de alerta que nos coge desprevenidos y nos hace sentir atrapados en una situación sin salida.

No pude reaccionar cuando sospeché de aquellos chicos. Fue tan fugaz, tan rápido el movimiento de cabeza hacia la cocina al escuchar a Paulina ordenar a Carlos y a Jorge que me sujetaran.

Es cierto lo que dicen. En el momento de ver de cerca la muerte te da tiempo de
pensar en muchas cosas por increíble que parezca. Yo pensé en mi madre y sentí unas
tremendas ganas de llorar, pensé en mis amigos y en las veces que me repetía a mi misma que nunca hay que fiarse de los desconocidos. Pensé en Dios y en cómo podría permitir que mi vida terminara de este modo. Me sentí tremendamente estúpida. Sentí asco por la humanidad, por la injusticia de la vida. Sentí que no podría salir nunca
viva de aquella habitación

Vi a Paulina acercándose a mí con un enorme cenicero. Las manos sujetas me imposibilitaron cubrirme la cabeza. El propio miedo me impidió gritar, sólo pude
cerrar los ojos con fuerza esperándome lo peor. Una mueca de niña asustada que
pareció divertir a mis captores. Fue tan tremendo el golpe que sentí un calambre
agudo atravesándome el cráneo. No recuerdo más que la sensación de mareo, la vista
nublada y el corazón cada vez más y más lento. Caí hacia el lado derecho, sobre las
piernas de Jorge, quien seguía sujetándome la mano como a un animal rabioso.

Parecía que fuera a arrancármela. Su crueldad me pareció inhumana. La vergüenza y la
rabia de verme morir delante de ellos dio paso a la frustración. Apenas ya podía moverme.

Dios mío, me habían matado ¿cómo fuiste capaz de perdonarlos?

lunes, 11 de abril de 2011

CONFIESO




Confieso entre papeles que no he escrito ni una sola línea verdadera. Aparezco inerte entre cortinas para no ser vista por mi propia realidad.

Es la huida del más débil, del cobarde que se inca los dientes en la oscuridad para precipitar el dolor y no sentir tanto miedo ante el vacío.

Soy un cordero entre lobos.

El disparo de salida resuena en mis oídos, pero apenas puedo moverme del sitio.
Corro en dirección opuesta a la vida, quizás es culpa mía, me siento como una larva a la que no le salen alas. Laberinto eterno, donde solo al mirar el cielo encuentras la salida.

Caeré al vacío desde lo más alto, con los brazos extendidos y los ojos llenos de lágrimas.

He creído en el Dios equivocado. He arrastrado mi existencia a la más pérfida de las demencias.

Soy como una bestia que implora el tiro de gracia . Un susurro de que todo ha acabado. Clavos en la nuca, el sabor de la sangre encharcando mi boca.

Las manos dormidas sujetando una cuerda roída no pueden sostenerme por mucho tiempo.

Dicen que el miedo nos paraliza. Yo creo que nos abraza para no morir solos.

martes, 22 de marzo de 2011

LIENZO OSCURO




Como el pincel que acaricia el lienzo acomodo mis pecados en una página en blanco. Sinuosas danzas alrededor de la sala mantienen la esperanza del que sólo se siente vivo al contemplar la vida pasar.

Desde aquí puedo oler los secretos de tu sombra. Sabe que has muerto y sin embargo no cesa de arañar tu piel intentando huir de mí. ¿De qué tiene miedo el que nada sabe? ¿ Dónde se esconde el que no tiene adónde ir? Podemos fingir muecas de asombro al saber que nada puede perturbar un destino marcado, una mano negra que acaricia nuestras cabezas con la compasión del que sabe lo que nos espera. Nada es eficaz cuando algo no tiene remedio.

Me siento a observar con los brazos cruzados. La humedad de las paredes reblandece mi aliento y siento que me ahogo, despacio, vacía, perturbada completamente.

Al cerrar los ojos veo lo que soy, sólo una mancha en un paisaje , sólo una gota de sangre en una ciénaga .
Quisiera morderme la lengua hasta partirla en dos. Quisiera estar quieta hasta que nadie se diera cuenta de mi existencia.
Soy un enemigo de puntillas, una melodía desconocida, una cara irreal a los ojos del que todo lo ve.
Está marcado en las líneas de mi mano.
Escapar es sólo una burla al destino. Cubriré el lienzo y saltaré al vacío.

jueves, 10 de febrero de 2011

EL PODER DE LA MENTIRA




La mentira atrapa entre sus garras a la más astuta de las verdades.
El pecado asciende a simple error cuando la espalda del diablo sostiene tu cuerpo. Danzas antiguas para despertar al maligno ante un alma descarriada. Con los pies en el aire, te das cuenta que las simples palabras te pueden hacer descender a la esfera más oscura.

Me arrodillo ante los pies de quien me enseñó a mentir. Un amigo es un enemigo al que todavía no conoces.

Corres, pero sabes que te atrapará. Lloras, pero nunca encontrarás consuelo, porque no hay esperanza al otro lado, no hay un hombro sobre el que puedas arrimarte sin sentir las brasas y el dolor de algo inhumano.

De puntillas por el borde del infierno juego al escondite con mi reflejo. Caeré en la trampa de mi propia irrealidad cayendo así al fondo del averno.

jueves, 13 de enero de 2011

LAS ÚLTIMAS HORAS




Si el tiempo corre en tu contra poco pueden hacer los demás por ti.
Límites del silencio traspasados por la voz de la conciencia.
La culpa de un fracaso lejano, la agonía de un sufrimiento cercano y atronador. La vida al fin y al cabo.

Nada más triste que mentirle a la muerte.

Saluda a tus invitados a la mesa del desorden. Como hojas en blanco en el libro de una vida terminada. Puntos suspensivos para el que no tiene nada que decir a su favor. Nada que puedas remediar a pocas horas de fallecer.
Qué fácil era dar consejos desde la torre del castillo. No te inclinaste hacia el débil sin esperar beneficio alguno.
Quién acalla tormentas es capaz de llorar rocío .

Ahora te espera un soplo de aire frío en la nuca, un empujón al vació, una terrible locura al ver tu vida pasar. Con la manos repletas de anillos y vacías de esperanzas.
Últimas horas de un rey destronado.
La sombra alargada de la muerte te invita a un último paseo por la memoria del que ya no tiene nada que valga la pena recordar.

viernes, 24 de diciembre de 2010

LA SEGUNDA REBELIÓN





La pérdida absoluta de esperanza hizo que Dios cerrara para siempre las puertas al paraíso…

¿Y quién puede hacer perder la esperanza de Dios? El hombre.

Sin pecado no hay castigo. A veces es necesario pecar para obtener lo que se desea.
Deseos infinitamente esperados , agarrados al alma como una constante melodía atrapada en una caracola. Sueños de mortal aún en el más allá.

Las almas bondadosas que habitaban el cielo eran merecedoras de todo privilegio, de toda razón de ser del creador. Su constancia en hacer el bien tuvo una enorme recompensa, yacer al lado de Dios por la eternidad.

Un Dios que ama, que otorga absoluta libertad. Un Dios que no cuestiona, pero que tampoco olvida.
Lágrimas negras inundan la ciudad. Calles vacías de gente transparente. El mal acecha en cada esquina, en cada corazón, carente de perdón, de arrepentimiento o humildad.
El recuerdo de cualquier acto de bondad es sólo un reflejo en el altar de Dios.
Altar que ya sólo acompañan los ángeles. Sus alas caídas delatan la terrible tristeza de Cristo.

Aunque en el último aliento muchos son los que se aferran a una fe olvidada, es el rostro del diablo el que ven al entornar los ojos. La balanza de la vida no compensa los pecados.

Así, muerte tras muerte se llenaban las arcas del averno dejando escapar un suspiro de desesperanza a quien pacientemente anhelaba un encuentro en la gloria.

Pero ya nadie vive para ganarse el cielo. El egoísmo terrenal invoca al maligno . La maldad humana ocupa el lugar del moribundo inundando el infierno de almas vacías, decapitadas de tanta podredumbre . Es la vanidad humana la que intenta batirse con Dios.

La puerta celestial permanece cerrada desde la segunda rebelión, que tuvo lugar en el reino de los cielos. Las almas bondadosas decidieron tomar el mando, dejando en penumbra la luz celestial.

Un alma humana propició el principio del fin. Convenciendo una tras otra todas las demás almas que llevaban largos siglos esperando reencontrarse con sus allegados. En el reino de la paz también hay cabida para la soledad. La impotencia de los espíritus por no poder ver a sus seres queridos alimentó la llegada del más absoluto y aterrador desenlace.

Es así como empezó todo, es así como cientos de millones de almas, hartas de esperar lo imposible prefirieron pecar para arrastrar su alma al infierno. Descolgándose de la mano de Dios para tenderle la suya al Señor de las tinieblas. Así es como tuvo lugar la segunda rebelión.

Un pecado capital arrancaría la catástrofe. Una sola muerte, la más injusta, la menos esperada y las más deseada por quienes la ejecutaron.

Un siervo del señor , un ángel divino que abarcó con sus alas las almas enfurecidas por el dolor de una pena eterna, intentando consolarlas halló la muerte del modo más salvaje.

¿Cómo describir la obra de millones de manos sobre un solo cuerpo? Pensando en un único objetivo, desatar la ira de Dios para ser castigados, los espíritus que durante siglos merecieron vivir en la gloria atacaron sin piedad un alma gloriosa, tiñendo las alas de sangre, cubriendo los ojos de absoluta incredulidad.
Plumas arrancadas en tropel, heridas cuyas cicatrices nunca sanarán por ser heridas tan profundas que dejan escapar la luz interior de un ser angelical.

Tras la terrible masacre los ojos de Dios tiñeron de oscuridad el infinito.
Una a una las almas fueron cayendo dejando escapar un grito, mezcla de alivio y terror.

No hay esperanza para la humanidad. Desde entonces las puertas del Paraíso permanecen cerradas. La soledad de un cielo que aún llora la pérdida de su reinado por el absoluto egoísmo de la raza humana.

domingo, 12 de diciembre de 2010

LA NOCHE MÁS TERRORÍFICA




Acechan por las esquinas las luces de navidad. Ellas me advierten que una vez más, las calles se inundarán de gente hambrienta de amor y amor hambriento de regalos. Un bucle de emociones encontradas.
Alegría y tristeza se dan la mano una vez al año, bajo el árbol de navidad.

Yo en cambio siento auténtico miedo , un terror que me paraliza cada vez más y que guardo en secreto porque nadie me creería…

Hace muchos años aprendí una gran lección y es que en esta vida los momentos más esperados suelen ser los más decepcionantes.

Papá Noel visita a todos los niños del mundo…a todos. Es ahora cuando surge el pánico por haber sido malo, el arrepentimiento del que sabe que ha actuado mal a lo largo de año.

Desde niña, la soledad de la habitación a oscuras dejaba entrever los abultados regalos que supuestamente un hombre había dejado en mi cuarto mientras yo dormía.. .

Pero no hay regalos para un hogar pobre, no hay regalos para premiar la maldad, sólo castigo y soledad encubierta en una muñeca rota y con las cuencas vacías que te recuerda que no eres como los demás niños, que tienes lo que te mereces y que año tras año recibirás la visita de un hombre que premia o castiga a los niños según su actitud.

Si, lo hice, maté aquella niña .Yo era pequeña y me dejé llevar, odiaba su mirada, sus ojos brillaban con la felicidad del que lo tiene todo. No era justo, no podía soportarlo más y simplemente me deshice de ella.


Ese es siempre mi regalo de navidad. Una muñeca rota y sin ojos que despierta junto a mí en la noche más esperada del año.
Papa Noel existe y sabe lo que has hecho. ¿ A caso tú has sido bueno?

jueves, 18 de noviembre de 2010

ESCUCHA MI SILENCIO



La eternidad contempla el silencio en calma.
Las palabras no hacen más que matar la quietud del que saborea lo sencillo, lo apenas imperceptible para las lenguas inquietas y vacías.

Sangro a través de mi boca porque estoy herida, porque soy esclava de la memoria de mis propias historias, de mis retorcidas o inocentes mentiras que me mantienen a flote en este trágico lugar.

Es hermoso el dolor del que calla por no estar al nivel del silencio. Las palabras se agolpan en mi garganta queriendo salir en tropel por mi boca.
La lengua clavada en el suelo es un monumento a la locura.

Así, gritando en silencio me adormezco una vez más. En esta oscuridad abstracta, en esta sinrazón del ser humano , dotado de lengua para apedrear a los demás con palabras de fuego y saliva envenenada.

domingo, 31 de octubre de 2010

LA LLAMA DEL INFIERNO





Quien juega con fuego se puede quemar.

El día de los difuntos es una fecha muy especial. El recuerdo de nuestros seres queridos nos hace sentir nostalgia del pasado.

La tradición dice que hay que dejar una vela encendida toda la noche para iluminar el recuerdo de nuestros allegados.

Es en esa noche, cuando las almas perdidas buscan su camino. Los espíritus acuden a su hogar para volver a sentir el cariño perdido. Durante unas horas, las familias sienten una energía especial, un estado de felicidad que les hace saber, que los que ya no están se encuentran entre nosotros.

Yo también quise sentir esa plenitud, esa magia que rodea el mundo esotérico.
Al llegar la medianoche encendí una vela roja en mi habitación. La tenue luz iluminaba la estancia. Me acomodé en la cama y recé unas oraciones para que mis familiares estuvieran bien. La vela parecía escucharme, pues la llama subía y temblaba rápidamente.

Al cabo de unos minutos sentí una corriente de aire procedente del oscuro pasillo que tengo enfrente. La puerta de la habitación estaba entreabierta, así que la cerré ,volví a la cama y me tapé completamente.

El sueño me estaba venciendo cuando de repente oí un fuerte golpe en la puerta. Cómo si alguien al otro lado intentara entrar a la fuerza.
Me quedé inmóvil con los ojos muy abiertos sin saber qué hacer …
Recé, recé con todas mis fuerzas para que fuera lo que fuera se marchara. Mi corazón palpitaba rítmicamente, como si un puño lo agarrara y tuviera que luchar para sobrevivir.
Tras unos segundos todo quedó en completo silencio.
Miré hacia la vela, que seguía temblando y la cera lloraba excesivamente.
Mi corazón seguía palpitando con fuerza pero parecía que todo había vuelto a la normalidad.
Cogí el libro de la mesita de noche sin apartar los ojos de la puerta. No había leído ni media página, cuando una fuerza invisible lo cerró violentamente y lo hizo saltar por los aires. Apenas puede gritar, sentí que mi respiración se aceleraba y el pánico lograba ponerme todo el vello de punta.. Las manos me temblaban y creí que me iba a desmayar.
Fue entonces cuando varias voces a la vez me susurraron al oído. Llantos de mujer, palabras inconexas, gritos y risas resonaban a mi alrededor. Cerré fuertemente los ojos y me tapé los oídos intentando que todo volviera a la normalidad.
De repente, los gritos cesaron, pero yo no me atrevía a abrir los ojos, seguía inmóvil con las piernas encogidas, temblando en un rincón de la cama.
No podría describiros con palabras la sensación de terror que sentí al abrir los ojos…

Alrededor de mi cama, decenas de espíritus me observaban con maldad.
La frialdad de sus miradas se clavó en mis retinas haciéndome gritar desesperadamente. Uno a uno fueron acercándose a mi. Uno a uno fueron poseyendo mi cuerpo mientras mi mente se entregaba a la locura. Podía sentir su energía en mi interior, podía sentir el dolor al desgarrarme las entrañas. Como bolas de fuego que se cuelan por mi garganta y abrasan todo mi ser.
Presa del pánico y la desesperación, me incorporé como pude, abrí la ventana de mi habitación y me arrojé al vacío.

A diferencia de las demás, las velas rojas tienen una luz especial. La llama ilumina de distinta forma, crea un halo de misterio alrededor. La luz rojiza es como el fuego del infierno y atrae a las almas errantes, almas perdidas que buscan algo a lo que agarrarse de nuevo.

Ahora soy un alma atrapada en la oscuridad. Las noches de difuntos busco atenta una llama que me guíe para poder poseer un alma y traerla conmigo al infierno.

miércoles, 13 de octubre de 2010

MI ANTIGUA HABITACIÓN




Los años de infancia marcan para siempre a las personas. A mí me enseñaron a caminar despacio, a no alzar la voz y a dormir siempre con un ojo abierto.

Valiente no es el que no tiene miedo, sino el que se enfrenta a él.

Mi hermana Ana solía alardear de ser la fuerte de la familia. Sus ojos oscuros enfriaban un rostro cálido y delataban un corazón impasible. La verdad es que yo siempre admiré la forma en que luchaba con su espada cuando simulábamos ser piratas o lo rápida que era cuando hacíamos carreras y acabábamos exhaustas en el suelo con el vestido arrugado y los zapatos llenos de tierra.
Era la mayor, la que siempre tenía la última palabra, la que sabía lo que había que hacer en cualquier situación. Ana sabía que yo vivía aterrorizada y parecía divertirle la idea de hacerme sufrir.
Al cumplir los seis y ocho años respectivamente, nuestros padres decidieron que ya éramos mayores para dormir solas. A mi hermana Ana pareció entusiasmarle la idea pero a mí, un miedo paralizador me bloqueó. Tengo pánico a la oscuridad.

Nunca olvidaré la primera y única noche que pasé en mi nueva habitación. Mi padre la había habilitado tras años acumulando trastos .Aunque parecía agradable, yo sentía una soledad extraña al encerrarme en ella.
Un gran ventanal comunicaba mi habitación con la de mi hermana. Las paredes pintadas con ángeles no me daban la paz que necesitaba para conciliar el sueño.
Era como si me observaran y sonrieran al saber que dormiré sola, indefensa e intranquila.

Mis pequeñas manos se juntaban cada noche a modo de rezo . Pedía fuerza y valentía a un Dios que parecía no escucharme, no entenderme y mucho menos…ayudarme.

Al lado de mi cama había una gran lámpara con una cadena de la cuál pendía un cascabel. Si quería encender o apagar la luz sólo tenía que tirar de la cadenita.
Todo empezó cuando tras leer un cuento decidí apagar la luz.
Al cabo de unos minutos creí escuchar el pequeño cascabel. La lámpara se movía de un lado a otro haciéndolo sonar. Las sábanas se enfriaron repentinamente y sentí como alguien tiraba de ellas hasta hacerlas caer al suelo.
De repente un plástico en mi rostro me impedía respirar. Bocanadas de aire caliente que no conseguía hacer llegar a mis pulmones.
Apenas un grito inaudible y dejé de forcejear. Mis manos permanecían suspendidas en el aire, sujetas por alguien a quién no podía ver.
Sólo varias voces me rodeaban y susurraban entre sí.

Mi madre entró de repente en la habitación, encendió la luz y todo pareció volver a la normalidad. Las sábanas bien colocadas en mi cama, la lámpara quieta y todo en silencio.
Sólo mi rostro blanco y desencajado alertó a mi madre , a quién di un desesperado abrazo tras contarle lo ocurrido. Evidentemente no me creyó, pero me vio tan aterrorizada que no me quiso obligar a quedarme allí.
Desde el otro lado de la ventana Ana me miraba con el ceño fruncido, temiendo lo que iba a ocurrir. A partir de esa noche volvería a compartir habitación con ella.

Ana tampoco me creyó. Sabía que yo era muy asustadiza y eso en el fondo le divertía. Ella no temía a nada. De hecho, entró varias veces en mi antigua habitación, apagó la luz y gritó como si alguien le estuviera haciendo daño para mofarse de mí.

Durante las siguientes semanas tuve que acceder a sus chantajes para poder dormir con ella. El juego preferido de Ana era el “ Enciende y apaga”.
Consistía en que yo tenía que entrar en la habitación, cerrar la puerta, bordear la cama y tirar de la cadenita para encender la lámpara. Girarme para saludar a mi hermana que me observaba desde la ventana, volver a apagar la luz y salir despacio d la habitación. Si corría o gritaba me obligaba a repetirlo todo de nuevo. Una de las veces acabé el juego y volví a nuestra habitación .
Al darme la vuelta observé aterrorizada el rostro de varias niñas observando desde el otro lado del cristal. Me miraban furiosas, como si desde dónde estaba no pudieran hacerme daño. Ana no podía verlas, porque no las temía supongo, pero eran reales, eran seis o siete niñas encerradas en esa habitación esperando a que vuelva entrar para acabar conmigo.
Esa fue la última vez que jugamos.

Pasaron los años. Ana se casó y yo decidí marchar a estudiar a las afueras. Con el tiempo, aprendí a que todo lo que sentimos no tiene por qué ser real. La fantasía de un niño puede llegar muy lejos y hacer mucho daño sin apenas darnos cuenta.

Fue durante una de las visitas a casa de mis padres cuando vi que nada de lo vivido en la infancia fueron imaginaciones mías. Mi antigua habitación ya hacía tiempo que había vuelto a ser un viejo trastero y ya nada extraño parecía enturbiar el ambiente. Entré despacio, de puntillas y en silencio, como me había enseñado Ana.
Me acerqué al ventanal y allí lo vi claro. Los recuerdos se difuminan pero las marcas siempre quedan, como los múltiples arañazos que vi en la madera y las marcas de manitas en el cristal del ventanal de mi antigua habitación

sábado, 8 de mayo de 2010

MARIPOSAS NEGRAS




No sé si tengo los ojos abiertos o cerrados, tengo la oscuridad incrustada en mi alma. Mariposas negras a los pies de mi cama se balancean al compás de una muerte esperada. El viento ondea las finas cortinas de mi habitación. Cae la noche ¿puedes oir mi llanto? Alaridos huecos que fluyen por mi sangre.
Me siento como un animal contra los faros de un coche. Contorsiono mi cuerpo atado con una cuerda invisible, no puedo deshacerme de ella.
Revolotean las mariposas sobre mi cara. Es el idioma del que no puede sentir más que dolor, del que no puede ver algo bello en su mundo interior.
La luna se cubre la cara con nubes negras para poder observar discretamente.
Oigo un violín a lo lejos, una dulce melodía me acompaña en esta noche eterna dónde mis invitadas apuran mi final doblegando sus alas a modo de aplauso. Como animales carroñeros esperando su festín.
Mientras mis lágrimas empapan la almohada, caigo en un profundo sueño dónde nada será real al despertar, nada entristecerá mi alma y podré deshacerme de las cuerdas que rodean mi libertad.

lunes, 5 de abril de 2010

TOMAD Y COMED TODOS DE ÉL...




Aborrezco la hipocresía pero me debo a ella para sobrevivir, para alimentar mi instintos más perversos.
Con los años he aprendido a sobrellevar otro modo de vida, otra fase, un nivel superior al que no todo el mundo está dispuesto a llegar. Si lo pruebas, jamás lo dejarás.
Comer carne humana significó para mí el comienzo de una nueva vida.
Todo empezó como un juego con mis dos compañeros de piso. Aquel sábado Carlos y Adrián llegaron muy tarde a casa. Entre risas intentaban abrir la puerta sin éxito. Me levanté de la cama y fui a ayudarles. En cuanto abrí la puerta Carlos cayó encima de mí y me tapó la boca para que no gritara…sus manos estaban ensangrentadas. Adrián sostenía entre sus brazos lo que parecía ser el tronco de una persona. Me incorporé asustada y les pregunté lo que había sucedido.
Ninguno de los dos me contestó. Colocaron el cadáver encima de la mesa del comedor y se sentaron frente a él. Sus sonrisas me descolocaron, no entendía, no sabía que debía hacer!!
Me quedé inmóvil frente a ellos, atónita y totalmente desconcertada.
De repente Adrián arrancó un pedazo de carne del cuerpo inerte y lo saboreó como el que degusta el manjar más exquisito del mundo. Carlos me miró sonriente y se abalanzó sobre la mano del muerto. Eran como dos lobos famélicos. Sus dientes al masticar producían un sonido distinto, pegajoso, extremadamente meloso y muy tentador…
Nunca hubiera imaginado algo así, pero me acerqué lentamente a la mesa y me senté junto a ellos. He de reconocer que fue la situación más morbosa de mi vida.
Tímidamente acepté el trocito de carne que Adrián me ofrecía. Jamás podré describir esa sensación. La carne cruda resbaló por mi lengua llenando mi boca de un sabor desconocido y delicioso. La sangre aún caliente invadió mi paladar haciéndome entornar los ojos de puro placer.
Aquella noche mis dos compañeros me enseñaron su juego, su rutina de cada madrugada del sábado al domingo… sólo que esta vez, decidieron hacerlo en casa para que yo pudiera formar parte de su ritual.
No puedo explicar esto a nadie, no me siento orgullosa de ello, pero tampoco me arrepiento…
Soy una chica normal, de una ciudad cualquiera, sólo que escondo un secreto aterrador para muchos, excitante para nosotros. Cada domingo comemos carne humana. Buscamos a nuestra víctima durante la semana, la seguimos y acabamos con ella. El próximo sábado me toca a mí ir a cazar. Será la primera vez que mato a alguien y estoy realmente nerviosa, pero me da morbo pensar que alguien morirá para satisfacernos, es como un trofeo. No puedo , no quiero parar, cada domingo nuestro ritual es sagrado. Tomad y comed todos de él….

domingo, 14 de marzo de 2010

EL PUEBLO DE LOS OLVIDADOS




Entre antiguos caminos y piedras roídas por el dolor se mecen mis sentidos. Respiro el aire nauseabundo que rodea el muro del rencor. Las almas inquietas bordean el lugar a modo de fortaleza. Nadie puede penetrar en el templo de la ira.
Ira por saberse abandonados.
Apilados como leña, los esqueletos se acumulan en este extraño lugar. Es el pueblo de los olvidados.
Deambulo pensativa por el lecho de muerte y siento el silencio. Me habla, me grita desesperadamente que me marche si no quiero acabar como ellos. En la absoluta soledad.
Puedo imaginar los rostros de cada una de esas personas. Me miran desafiantes por ahondar en su dolor. Cada uno tiene su historia, su desgracia, su verdad.
Son personas olvidadas en un suspiro, un falso aliento de calor que las dejó frías y abandonadas.

En el pueblo de los olvidados uno se da cuenta de lo triste que es vivir sabiendo que no importas a nadie, ni siquiera a ti mismo. Que a pesar de los intentos que uno pueda hacer por sobrevivir a la pena, te abrazará en el momento menos esperado y te arrinconará en silencio para acabar con tu sufrimiento.
Hoy quiero acordarme de ese pueblo, porque yo no puedo olvidarme. No puedo apartar de mi mente los rostros desencajados por la espera, por la desesperación de ver que se acaba la vida y nadie te tiende la mano para acompañarte en el tramo final. Nada les queda ya más que la rabia de lo que pudo ser y no fue, de lo que les quedó por sentir. La ira desatada por el odio embriaga su alma.
Si os acercáis, pueden oírse los lamentos, los susurros desgarrados y las voces apenadas por cada rincón.
Es el pueblo de los olvidados, un lugar que ni siquiera aparece en el mapa porque nadie más que yo lo conoce.

jueves, 4 de marzo de 2010

SOY UN MONSTRUO DE DOS CABEZAS







Encerrado en mi mundo tropiezo una y otra vez. Las escenas cotidianas se tornan grotescas ante mis ojos de asesino enjaulado en un cuerpo lleno de ira.
No puedo elegir, las decisiones las toma mi conciencia, mi verdadera personalidad.
Me abandono a la locura, pues es más fácil que seguir viviendo a contracorriente.

Así , como me veis, es como me siento al mirarme al espejo. Soy un monstruo de dos cabezas. Dos mentes que se quieren anular mutuamente... ¿Quién gana?...la más fuerte, la más terrible y despiadada…¿Quién pierde? …MI VÍCTIMA.

No puedo controlar mi maldad, no puedo dejar de guiarme por mis instintos, por mi crueldad.
Sé lo que soy e intento luchar contra ello, pero me es imposible, estoy atado y en el fondo siento un extraño placer…

Llora y yo sonreiré, reza y yo sentenciaré, porque mi cabeza me permite hacer cosas imposibles para los demás . Sois borregos inocentes andando mansamente por un mundo hecho a mi medida.
Cuento con los dedos de una mano las veces que me he arrepentido de algo…me sobran los cinco dedos, porque no soporto la debilidad del arrepentimiento.

Es la naturaleza, ella me ha hecho así y moriré. Soy un monstruo de dos cabezas…¿Quién gana?...la perturbada,la cínica, la más feroz…¿Quién pierde? LA HUMANIDAD.

miércoles, 24 de febrero de 2010

EL VERDADERO INFIERNO




No nos dejes caer en la tentación y libranos del mal…

Pero el mal tiene muchas caras, a veces cuesta identificarlo. Nadie puede librarnos de él. Permanece quieto al acecho de cualquier víctima. Oscuro, resguardado entre sonrisas dulces y falsos gestos de bondad. Alguien hoy te tiende la mano y mañana te arranca la vida sin motivo aparente, es fascinante…el mal puede habitar en cualquier parte. Porque él nos elige caprichosamente. Un ser maquiavélico nos señala con el dedo como la siguiente víctima ante un Dios impotente. Un Dios que nos ama tanto que nos deja actuar con libertad.

Todos caemos en sus redes alguna vez. Todos fantaseamos con venganzas y actos atroces dirigidos a quien nos pudo haber dañado.
El verdadero infierno habita en mi imaginación. Es un abismo oscuro dónde nadie sale jamás de su locura. Dónde se mezcla la sangre de los culpables con los gritos de los inocentes. Gritos de odio y satisfacción por cumplir una eterna venganza. Ese es el verdadero infierno de los que eligieron en vida hacer el mal.
¿Podéis imaginaros mi infierno? Un lugar dónde las víctimas condenan a sus verdugos. Dónde la justicia radica en el ojo por ojo y nadie juzga los actos de quien en vida tanto sufrió.

De este modo, cada cuál paga por sus pecados, por su errónea elección.
En sueños, mi alma habita en ese infierno y condeno a mi verdugo por la eternidad . Me acerco lentamente a su celda, hecha con barrotes de fuego , hago girar la llave y comienza mi venganza. Ahora es él el que se estremece al verme sonreír. Vacío sus ojos porque no soporto ver de nuevo la mirada de un sádico perturbado . Prefiero imaginar la desesperada agonía de una mirada vacía. Arranco su lengua porque en su día sus palabras me dañaron. Porque los gritos ahogados me satisfacen más que las falsas palabras suplicando que pare.

Le coso los brazos a modo de rezo para que implore a un Dios que ya no puede hacer nada por su alma, porque ahora es mía y noche tras noche acudiré a su celda para asegurarme que sufre tanto como hizo sufrir a sus víctimas.

Amanezco empapada en sudor y lágrimas de satisfacción. Cada día acudo al verdadero infierno y disfruto haciendo el mal, un mal que está permitido en ese mundo paralelo, en ese lugar oscuro lleno de almas buenas con sed de justicia.

jueves, 28 de enero de 2010

LA MAESTRA DE MÚSICA




Tengo una muñeca vestida de azul, con su camisita y su canesú. La saqué a paseo se me constipó, la tengo en la cama con mucho dolor…
Así empieza una de las canciones preferidas de mi infancia. Una etapa de mi vida truncada por el dolor y la soledad.

Ahora ejerzo de maestra en un orfanato. Doy clases de música y canto a un grupo de niñas alocadas a las que, con el tiempo, conseguiré convertir en auténticas señoritas. Sé que soy muy estricta, pero a mis 62 años, no hay nada que se me pase por alto. No soporto las faltas de respeto y mis queridas niñas saben que no deben hacer que me enfade…

Soy feliz observando a las pequeñas mientras deambulo por la clase con los brazos entrelazados a mi espalda. Sus caritas asustadas permanecen gachas mientras rezan la oración matutina. Lo que no saben, es que nadie las va a salvar si finalmente son elegidas por mí.

Vivo en una pequeña casa ajardinada a diez minutos del orfanato. Allí, sólo unas pocas afortunadas podrán formar parte del gran coro a la felicidad.
Al entrar en la casa, de pie en el recibidor, Susana me sonríe delicadamente a modo de bienvenida. Sus manitas sujetan un pequeño violín que más tarde hará sonar alegremente para deleite de las demás habitantes de la casa.
Me sirvo una taza de té y enciendo la chimenea, el reflejo del fuego hace más bellos los suaves rostros de mis pequeñas musas.

Carla y Flora, llegaron a casa hará un par de meses. Eran dos niñas muy rebeldes. Sus pataletas en clase me desquiciaban y me vi obligada a llevarlas por el buen camino. Ahora, permanecen arrodilladas junto al fuego mientras sujetan con ambas manos una partitura.

Siempre actúo del mismo modo. Ordeno que se queden a hablar conmigo después de clase. Una vez sentadas frente a mí, me levanto y acaricio su pelo mientras una cinta de raso bordea su fino cuello. Suelen estar tan asustadas que apenas se resisten. No aprieto demasiado, no quiero dejar marcas en un cuerpo que luego formará parte de mi particular coral. Envuelvo su cuerpo con un plástico y las saco a escondidas hasta mi coche. Cuando oscurece las meto en mi casa y procedo a inmortalizarlas. Las vacío y vuelvo a rellenar sus cuerpecitos con cal. Unos alambres y puntos de sutura harán que mantengan sonrisas y gestos de un modo muy natural.

Me dolería tanto que alguien me descubriera y no entendiera cuál es mi fin…

Sólo deseo que esas niñas respeten la música, que la amen igual que yo, que sean felices cantando y que vivan por siempre en un mundo lleno de armonía.
Hasta mi gatito es feliz paseándose entre mis niñas. Su preferida es Ana, una señorita de oscuros cabellos que sostiene entre sus brazos una linda muñeca a la que adormece con su dulce canto.

Quiero disfrutar los años que me queden de vida bailando al son de una música celestial. Pongo en marcha mi viejo transistor y escucho las grabaciones que mis pequeñas realizaron en clase. Allí, paralizadas y sonrientes imagino que cantan únicamente para mí. Sus voces angelicales me adormecen hasta que caigo rendida en medio del salón. Dormiré bajo la atenta mirada de mi particular coral, que esperará con ansias a que su maestra despierte de nuevo para hacerlas cantar